Dr.
Alejandro Aguila
PSICOTERAPEUTA
ESPECIALISTA EN SUICIDIO
Miembro fundador de la asociación mexicana para la prevención
del suicida y del suicidio-AMEPSS.
Integrante de la Red Mundial de Suicidólogos.
Fundador de los grupos de “Apoyo para personas en riesgo suicida”
RESUMEN:
El presente trabajo pretende mostrar datos estadísticos del
suicidio para sensibilizar respecto al aumento de este fenómeno
y dar herramientas de trabajo terapéutico a profesionales que
atienden familias con un miembro suicida, para su abordaje desde un
enfoque tanatológico.
Cada
segundo, alguien trata de suicidarse en algún país del
mundo. Y cada 40 segundos un suicida cumple su propósito.
Casi un millón de personas se quitan la vida al año
y se estima que esta cifra aumente en las próximas dos décadas.
Más personas mueren cada año debido al suicidio que
a la suma de homicidios y guerras (1).
El Suicidio es la segunda causa de muerte en adolescentes de 15 a
24 años.
El INEGI en su edición 2005 reporto un total de 3324 suicidios
consumados, los hombres constituyeron la mayor parte de la población
suicida ya que representaron el 82.8% del total de casos registrados
y las mujeres el 17.2% del mismo total. Cabe mencionar que estas cifras
han aumentado año tras año en forma alarmante.
El lugar de mayor ocurrencia es la casa habitación y el motivo
disgustos familiares y el método, la estrangulación.
Para
el 2020 si no se toman medidas preventivas las cifras aumentaran en
este sector(2). Se calcula que por cada muerte atribuible a esa causa
se producen entre 10 y 20 intentos de suicidio que se traducen en
lesiones, hospitalizaciones y traumas emocionales, pero no se dispone
de datos fiables sobre el verdadero alcance (3).
Es
frecuente que me consulten padres y hermanos de personas que han hablado
de quitarse la vida y esto provoca gran tensión y angustia
en las personas que lo escuchan por ello solicitan ayuda ya que temen
que cualquier acción u omisión precipite el acto con
lo cual se quedarían con una gran carga de culpa y la ausencia
de su familiar.
Pero también existe la otra cara de la moneda en donde algún
miembro de la familia exterioriza su deseo de morir y no es escuchado
y en muchas ocasiones ignorado hasta ridiculizado, pensando que se
puede tratar de un chantaje, manipulación o algo pasajero.
Los suicidas suelen primero pensar en el suicidio lo que consiste
en imaginarse como morir, los métodos posibles la facilidad
para obtener esos métodos así como la letalidad.
Posteriormente, se ponen en riesgo con actitudes temerarias, conductas
adictivas, conductas delictivas y no generando nuevas relaciones,
amistades y proyectos de vida, todo esto en un nivel predominantemente
inconsciente, como un camino que lleva a la muerte.
Finalmente, la acción misma de quitarse la vida en donde puede
o no llegar a lograrse sin embargo puede que el problema que vive
el suicida persista y con ello la idea de volver a quitarse la vida
repitiéndose los pasos anteriores.
Cuando
la acción suicida se repite y el final no es la muerte; las
familias y amigos tienden a “acostumbrarse” a los intentos
fallidos inclusive saben cuando es necesario la intervención
médica o el internamiento hospitalario. Lo cual tampoco lleva
resolver el origen del conflicto.
En mi experiencia he tenido pacientes hasta con 18 intentos fallidos
y al preguntarles porque no se habían atendido con un psicoterapeuta
mencionan que después de cada intento sentían un cambio
en las familias y amigos pero que este era temporal y sólo
como paliativo de un momento crítico sin cambios permanentes
o radicales como ellos esperaban. Posteriormente las cosas seguían
igual o peor.
Es importante mostrar esto para que aquellas familias que tiene un
familiar suicida sepan que ellos esperan que el entorno cambie con
su acción que es un acto de desesperanza.
En
principio cuando recibimos en el consultorio a una familia que ha
vivido el suicidio de un familiar hay que explorar la situación
emocional que prevalece en ese momento, a lo que llamaremos “actitud
frente al suicidio” esta puede clasificarse desde Indiferencia,
minimización del hecho, generalización, magnificación
hasta una actitud realista.
Esto puede deberse a la dinámica familiar, sus roles, funcionamiento,
situación emocional ante el evento.
En la mayoría de las entrevistas que he realizado con familiares
de un suicida mencionan que en los casos en donde había intentos
previos nunca pensaron en que lo repitiera y tampoco en que se consumara
el acto.
Algunas familias inclusive habían modificado conductas y buscado
ayuda.
Otras
pensaron en que el conflicto existía solamente en su familiar
y él o ella tendrían que resolverlo. Y por ello depositaban
en el familiar la solución.
De
esta respuesta dependerá si se requiere seguir explorando más
respecto al evento o habrá que hacer una intervención
en crisis para poder continuar con el siguiente paso en el proceso
de duelo.
Existe una reacción de Shock en algunas familias que las lleva
a una negación psicótica lo cual consiste en no admitir
a pesar de las evidencias la muerte de su ser querido y que al prolongarse
esta reacción de shock se puede caer en un estado de psicosis
permanente, requiriendo un tratamiento multidisciplinario en donde
intervendrán psicoterapeutas y psiquiatras y se valorará
la necesidad de internamiento del familiar o familiares más
afectados emocionalmente.
El siguiente paso hay que conocer quien era el paciente suicida(4)
y para fines didácticos llamaremos a este proceso “La
pertenencia a grupos determinados” y pueden clasificarse en
tres grandes grupos.
PERSONAS
NO RESPONSABLES DE SU VIDA.
PERSONAS PARCIALMENTE RESPONSABLES DE SU VIDA.
PERSONAS PLENAMENTE RESPONSABLES DE SU VIDA. (5)
Las
primeras se refieren a personas que en vida tenían alguna enfermedad
crónica como esquizofrenia, lesión cerebral, incapacidad
o enfermedad crónica degenerativa irreversible.
Es decir que de alguna manera la enfermedad del familiar hizo que
se diera un duelo anticipado y el vínculo no era muy fuerte
ni consistente debido a la discapacidad y deterioro del paciente.
Lo que observamos en estos casos es una mejor aceptación del
acto suicida y una explicación racional del hecho como un acto
para dejar de sufrir.- Las frases más comunes que he escuchado
son: “fue mejor así” “al fin dejo de sufrir”
“no era buena calidad de vida lo que tenía” etc.
El proceso de duelo en esta primer situación es más
rápido y menos tormentoso logrando inclusive hasta creer que
se conocen las causas del acto suicida.
En las familias se presenta un dolor menos duradero e intenso y el
duelo llega a su término más rápido.
Para
el segundo grupo “Personas parcialmente responsables de su vida”
existe un proceso marcado por la ambivalencia ya que generalmente
estas personas eran sujetos que podían tener alcoholismo, depresión
crónica, trastornos de personalidad que no fueran totalmente
incapacitantes.- con lo cual en momentos el familiar fallecido tenía
en momentos una buena relación y funcionamiento con sus familiares
y en otros se alejaba y generaba problemas o no ayudaba ni se integraba
a la familia.
Esta situación que en vida era cambiante e inestable deja a
los miembros de la familia con sentimientos encontrados sin poder
identificar lo que pesa más si el dolor de la pérdida
o el sufrimiento en vida que pido causar su familiar.
Aquí el proceso de duelo es más complejo y largo precisamente
por la falta de claridad en las relaciones y en los afectos.
Se guarda rencor pero se tiene culpa por acciones u omisiones, se
añora lo bueno vivido con el familiar pero se rechaza lo sufrido.-
el proceso psicoterapéutico es el más indicado en estos
casos debido a que puede ayudar a la clarificación de sentimientos
y a la elaboración de un duelo que puede tornarse complicado.
El
tercer caso de las “personas plenamente responsables de su vida”
es el proceso de duelo más doloroso ya que si en vida existía
una buena relación familiar, integración, amor, comunicación
y respeto, hace que la ausencia y la frustración por el cese
de suministros afectivos, lleve a los familiares a un duelo que se
puede hacer crónico(6). Puede tratarse de personas que en vida
eran funcionales con cualquier tipo de neurosis, depresión
o trastornos de personalidad que no afectó las relaciones familiares
al grado de generar una patología que incluyera maltrato, abuso
o daño.
Generalmente este grupo de personas eran lo que llamaríamos
funcionales y predominantemente sanas.
Aquí depende mucho la personalidad y patología de los
familiares sobrevivientes para que se pueda dar un proceso de duelo
normal (7), en donde cada etapa lleve su tiempo, forma y modo que
permitan a los familiares continuar con sus actividades y vida a pesar
de la ausencia de su ser querido.
Hay
que identificar aquí el funcionamiento en vida del paciente
suicida así como su vínculo afectivo con cada integrante,
lo cual determinara la facilidad o dificultad para la elaboración
del duelo.- Entre más funcional, sana y productiva era esa
relación en vida del paciente el proceso es más rápido
y fácil.
El
autor Resnik en 1969 propuso un trabajo para realizar con los amigos
y familiares de un paciente suicida. Este proceso terapéutico
ha sido de gran ayuda en mi labor, siendo una herramienta clave para
ayudar a mis pacientes en este largo y doloroso camino de recuperación.
Consiste en tres pasos fundamentales;
RESUCITACIÓN.
REHABILITACIÓN.
RENOVACIÓN (8)
Lo
he llamado el proceso de las tres “R” y así lo
explico con mis pacientes para que también sean ellos quienes
conozcan y colaboren en el desarrollo del mismo.
EXPLICACION
DE CADA PASO:
En
la Resucitación se busca dar un soplo de vida a los familiares
más afectados psicológicamente; lo que generalmente
ocurre es que al fallecer un familiar no todos los miembros de la
familia lo viven de igual forma por ello y dependiendo del tipo de
relación que haya prevalecido va a tener cada persona sobreviviente
un duelo en forma, intensidad y duración diferente.
Generalmente es importante explicar y mostrar a los sobrevivientes
que aunque sientan que algo en ellos ha muerto, lo que ya no existe
es la posibilidad de continuar las actividades que realizaban con
su familiar fallecido, pero que ellos continúan viviendo.
Desde una visión Psicoanalítica se habla de que cuando
los deudos dicen sentirse “muertos en vida” hay una identificación
proyectiva, es decir se viven y sienten como la persona fallecida
para inconscientemente estar muertos también. Si esto se preserva
en tiempo ya indicados anteriormente podría tratarse de un
estado patológico y requerirá atención psicoterapéutica.
La
Rehabilitación emocional; este proceso de duelo por suicidio
es similar a la que viviría una persona que se lesiona o fractura
y que necesita de una fedula o muleta, la cual se retirará
cuando la parte afectada se reestablezca. Igualmente la ayuda psicoterapéutica
y tanatológica se llevará a cabo un tiempo que no se
puede definir pero que es claro que es temporal y por supuesto varia
de acuerdo a la estructura de la personalidad de cada miembro de la
familia.
En
el campo de la tanatología se cuentan con muchos elementos
para este segundo momento desde libros, artículos, películas
hasta largas charlas en donde prevalece el efecto catártico
(9) y con ello se van liberando sentimientos y encontrando explicaciones,
poniendo palabras a las emociones, evitando así una mala salida
como enfermedades y trastornos de personalidad.
Si los familiares no logran pasar este proceso de rehabilitación
adecuadamente es probable que se presente un “duelo congelado”
(10)
El
tercer y último momento de este proceso se refiere a la Renovación
lo cual como la palabra lo indica es el cambio de pensamientos acciones
y actitudes. Aquí es necesario ayudar e impulsar a los familiares
del paciente suicida a que resuelvan el duelo y la ligazón
con el suicida. Todas las nuevas actividades, las acciones diferentes
y cambios ayudan a que los familiares perciban que ellos siguen vivos
y en esta renovación progresen y superen el duelo.
Es común que algunos familiares sientan que si realizan las
cosas que a su familiar le gustaba en vida estén más
unidos a él o ella, por ello habrá que valorar cuales
actividades si ayudan y cuales sólo estancan la situación
emocional.
Finalmente mencionaré algunas sugerencias respecto a lo que
NO debe hacerse.
Primero no culpar ya que este elemento se encuentra en casi todas
las familias en el proceso de duelo con un familiar suicida.- Algunas
formas de preguntar pueden ser culpígenas como por ejemplo,
si una familia cuenta que al regresar de un día de campo encontraron
que su familiar se había suicidado en su ausencia y se le cuestiona
-¿Y porque lo dejaron solo? Es una forma de generar más
angustia y culpa. Es importante saber preguntar de forma que no se
distorsione la verdadera intención de investigar lo que ocurrió.
El
dar soluciones “mágicas” es algo que las mismas
familias buscarán como respuesta en el terapeuta o tanatológo
para deslindar, evadir o no responsabilizarse, buscando que sea el
profesional quien decida sobre lo que debe o no hacerse.
Es regla básica que las decisiones siempre las tomaran los
familiares y el profesional sólo informará y orientara
sobre lo más adecuado durante el proceso de duelo.
Es
importante que el profesional no haga juicios sobre el hecho lo cual
es, además de prematuro e incierto, una función inadecuada
del terapeuta (11)
Los familiares de un paciente suicida generalmente por angustia y
culpa tienden a calificar, juzgar o justificar el hecho con diagnósticos
y juicios del tipo: “estaba deprimido o bajo los efectos de
alcohol o drogas, no sabía lo que hacia” etc. Estos elementos
son “racionalizaciones” para explicar lo que nos han podido
entender. Siempre explico a mis pacientes que los verdaderos motivos
por los cuales decidió quitarse la vida se los lleva a la tumba.
El
acompañamiento que los dolientes nos permiten hacer en este
camino es tan importante que dependerá en muchos casos de la
calidad de vida que emprendan después del sepelio. La calidad
de trabajo que se realice durante este proceso, la experiencia del
profesional y la disposición de los dolientes son ingredientes
esenciales para un duelo bien elaborado y que no tenga complicaciones.
Es
tan importante este proceso y tantas las expectativas que tienes los
familiares de un paciente suicida que representa una gran responsabilidad
y un gran compromiso para el profesional. Concluir satisfactoriamente
este proceso de duelo por suicidio produce una gran satisfacción
que con una buena técnica, con dedicación y mucha sensibilidad
el término de ésta permite al profesional saber que
esta en el camino adecuado y que es un trabajo humano difícil
de igualar.
BIBLIOGRAFIA COMPLEMENTARIA
Blanck-Cerejido
F. La muerte y sus ventajas Ed- La ciencia /156 paidos.
Casullo M. Comportamientos suicidas en adolescentes Ed- Lugar editorial
Grollman A.E.- Vivir cuando un ser querido ha muerto Ed. Ediciones
29.
Imbert G.- La tentación del suicidio Ed- Técnos ensayos.
Morón P.- El suicidio Ed- publicaciones Cruz. S.A.
Pérez. B.- La psicoterapía del comportamiento suicida,
fundamentos Folleto.
Reyez. Z A. Suicidio Curso fundamental de Tanatología. #4.
Roccatagliata S.- Un hijo no puede morir ed- Grijalbo 2000.
Ross S. La conducta suicida Ed- Aran 1998.
Smud. M. Sobre duelos enlutados y duelistas Ed- Lumen Buenos Aires
2000
NOTAS
AL PIE DE PÁGINA
1. http://busquedas.gruporeforma.com
2. cuaderno nº8 edición 2004 INEGI.
3. Organización Mundial de la Salud-2005
4. A partir de este momento llamaremos “Paciente” al familiar
fallecido ya que simbólicamente estará presente en las
sesiones y el trabajo terapéutico será en torno a él.
5. Pérez,Sergio.-La psicoterapia del comportamiento suicida,
fundamentos.2004 ed. Apoyo y difusión Tanatológica.
6. La mayoría de los autores llaman “proceso Crónico
de duelo” cuando este lleva un tiempo mayor a 2 años”
7. Cuando en Tanatología decimos proceso normal nos referimos
al tiempo sugerido de 6meses a 2 años como el esperado.
8. Resnick-1969 –“Resíntesis Psicológica”
Autor referido por el Dr. Pérez Barreiro Sergio en “la
psicoterapia del comportamiento suicida” fundamentos.- 2004
9. El efecto “catártico” se refiere a la expresión
con una salida afectiva que libera a las personas de emociones contenidas.
10. El “duelo congelado” se refiere a un estancamiento
en el proceso impidiendo así su elaboración.
11. Ídem.